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PSICOLOGÍA BUDISTASofía Cherigny

No sé si quiero ser madre

Normalmente, cuando leo algo de psicología acerca de este tema, hay un punto en el que se habla de intentar separar la parte de presión o aprendizaje social de nuestra verdadera opinión, nuestra verdad interna acerca de si quiero o no quiero ser madre. 

Y creo que esto es poco realista y que no suele funcionar muy bien

¿Por qué? 

Todo lo que las mujeres pensamos y sentimos acerca de esto ( y acerca de todo lo demás) está completamente empapado y es indivisible de todo lo que hemos visto, oído y sentido desde el momento que nacimos. Y se va actualizando constantemente con todas nuestras interacciones y situaciones del día a día. Es un todo enredado y no hay manera de sacar un hilo que se llame “la parte aprendida de lo que creo que quiero” y otro hilo que sea “lo que realmente quiero”. No existen esos hilos, todo es una mezcla. 

Viéndolo desde un punto de vista budista, y siguiendo con la analogía del ovillo, toda la maraña de hilos es nuestro “yo” construido, lo que llamamos ego**.** Ahí entra todo nuestro relato vital, emocional y de pensamiento. Y ahí dentro no hay “la verdad”, no está “la respuesta”. Todo es construido, cambiante, condicionado, dependiente de otras situaciones, otras personas, palabras y acciones. 

Es decir, si lo que hacemos es rebuscar en el ovillo del EGO, sólo vamos a liarnos mucho más. 

Entonces, ¿qué tenemos que hacer? Varias cosas:

Por último, quería comentar un proceso mental subyacente muy importante en todo este aspecto acerca de las decisiones vitales. 

Existe una creencia psicológica muy profunda en el mundo occidental: lo que hagas es lo que va a determinar tu felicidad**.** No nos lo planteamos exactamente así, pero es la ideología subyacente a muchas de nuestras acciones y preocupaciones. Queremos este trabajo y no el otro, queremos esta pareja, y que sea así y no asá, queremos ir a este sitio, queremos estos zapatos, esa casa, queremos esta situación y no la otra…Básicamente podríamos decir que nuestra vida es en gran parte una lucha para tener lo que quieres y que no te toque lo que no quieres. Y eso es justamente porque sentimos que con tal y cual cosa estaré bien, y si no, pues no. O por lo menos no tan bien. 

Pero NO es así.

El nivel de felicidad no depende de si estudias medicina o auxiliar de enfermería. De si consigues esos zapatos o no, de si consigues cambiar a tu pareja para que sea justo así y no asá…DE SI ERES MADRE O NO LO ERES. Si no tuviéramos grabado a fuego que lo que haces o dejas de hacer es lo que te puede dar o quitar felicidad, no le daríamos tanta importancia. 

Es una decisión que te cambia la vida, sí, pero no te cambia la felicidad. 

Porque eso de la felicidad va por otros derroteros. No por las decisiones que cambian tu vida EXTERNA, sino de las que te provocan un cambio INTERNO en ti. Y, aunque ahora está esto muy en boca de todos y de alguna manera pensemos que eso puede ser así, no lo sentimos así. Seguimos aferrándonos a todo lo externo, sea un zapato, un trabajo, una forma de actuar de alguien o un bebé. 

Cuestionar esa creencia y querer trascenderla es fundamental para enfrentarnos a esta situación de toma de decisión. Tu felicidad no va a depender de si eres madre o no eres madre. La felicidad se cultiva y desarrolla por otro camino. Ánclate a ese otro camino, y podrás entonces tomar una decisión de manera más calmada, más libre, relajada y FELIZ.