
En todas las relaciones cercanas que tenemos hay amor y apego entremezclado. En este artículo y en el siguiente vamos a ver qué es cada cosa, cómo surge cada una y qué podemos hacer para que nuestras relaciones estén más basadas en el amor y menos en el apego.
Creo que primero hay que definir bien qué es el amor. Todos conocemos el sentimiento de querer a alguien, pero no sabemos cuáles son sus procesos mentales ni en qué momento empezamos a mezclarlo y enredarlo con otras cosas que enturbian la relación.
Lo más importante de todo esto, y la diferencia clave entre amor y apego, es hacia dónde estamos orientados:
En el amor, el foco está puesto en la otra persona. Estamos orientados solamente hacia la felicidad del otro, no a la nuestra ¿Qué pasa entonces, cuando toda nuestra atención y voluntad está dirigida al bienestar del otro? Pues pasa que, durante ese momento, nuestra identidad fabricada, nuestro “yo” se disuelve. No tenemos la percepción de ser un ser sólido, concreto, donde “yo” estoy aquí y “tú” estás allí, y somos cosas distintas. Por tanto, cuando sentimos amor, la separación entre tú y yo se disuelve. Nos sentimos uno.
Éste es un punto muy importante, podemos decir que la esencia del budismo es desligarnos o desapegarnos de nuestra identidad formada para poder conectar realmente con los demás. Y es lo que se consigue en estas experiencias de amor. Nos SENTIMOS realmente juntos, conseguimos conectar de una manera profunda cuando nuestro ego se cae.
Nos pasamos toda la vida buscando esto. A lo mejor no somos conscientes, pero estamos constante y desesperadamente buscando conectar con los demás. Si no lo conseguimos es porque tenemos este “yo” que crea una barrera entre nosotros y el resto del mundo. Pero ésta es la esencia de toda nuestra vida. El amor está absolutamente ligado a la felicidad. No hay felicidad sin amor, ni amor sin felicidad.
Creo que la imagen más clara en la que se puede ver representado el amor puro, sin apego, es la de una madre con su bebé. No hay separación entre la madre y el hijo, son uno solo. La madre no espera ningún tipo de reciprocidad, simplemente la propia presencia del hijo es la mayor gratificación del mundo. Hay un anhelo inmenso de cuidar, de proteger, de volcar la vida en la felicidad del otro.
El amor es la base de las relaciones y es lo que surge primero. Aunque luego se vea oscurecido por el apego, el amor crea y sostiene las relaciones, siempre. Sin esa base, no puede haber ningún tipo de relación, ni tampoco ningún apego.
Ahora que hemos definido un poco qué es el amor, vamos a seguir hilando para ver cómo pasamos del amor al apego y cómo nos confundimos mezclando una cosa con la otra.
Cuando establecemos esta conexión íntima con el otro en una experiencia de amor, sentimos felicidad. Nuestro “yo” está desactivado y el vínculo con el otro es real y profundo, por lo tanto sentimos una gran felicidad. ¿Qué pasa justo entonces?
Pasan varias cosas a la vez. Primero, ese “yo” que había estado por un momento dormido, vuelve a escena y dice: “ eh, me gusta esto”. Como consecuencia de esta reaparición del ego, se pierde esta conexión y vuelve la sensación de separación que antes hablábamos.
Pero la mayor confusión se da cuando nuestro ego, al aparecer y proclamar “esto me gusta” piensa que esa sensación de felicidad y de amor que sentimos proviene del otro, es decir, que la otra persona es el origen y causa de eso que sentimos. Y es justo entonces cuando empiezan a aparecer todos los problemas en las relaciones.
Antes de seguir, vamos a recapitular un poco lo anterior, porque es clave entenderlo bien para poder entender bien la diferencia entre amor y apego.
Cuando sentimos amor, nuestro foco está en el otro, nuestro ego desaparece y es justamente eso lo que nos hace sentir esa vinculación con el otro. Cuando nuestro muro de ego cae, la separación entre el otro y yo cae también. Da un poco igual quién sea el objeto de nuestro amor, quiero decir, no son unas cualidades específicas del otro lo que nos hace sentir eso, somos nosotros mismos simplemente centrando nuestra atención en el bienestar de esa persona.
Pero justo cuando estamos sintiendo esto, viene nuestro querido ego y piensa que esta felicidad viene de lo que la otra persona me está dando. “Yo quiero ser feliz, por lo tanto, NECESITO a esa persona”. Esto es el apego.
En un sólo segundo hemos pasado de tener el foco en el otro y sentirnos plenos, a tener el foco en nuestra propia felicidad y nuestras necesidades y sentirnos faltos de algo, y que es el otro el tiene que darnos ese algo para estar completos.
Es entonces cuando surgen todos los conflictos, todos los tira y afloja de las relaciones, en que cada uno está mirando para sí mismo y sus propias necesidades y siente que el otro no está cumpliendo su parte del tratado.
El mayor ejemplo de relaciones con mucho apego lo podemos ver en las relaciones de pareja. Cuando escogemos una pareja, parece que también la designamos como creadora o destructora de nuestra felicidad.
Cuando nos enamoramos, colocamos a la otra persona una serie de etiquetas, en este caso casi todas positivas. Consideramos que todas esas etiquetas, todas esas cualidades son las que nos hacen sentir tan bien y las que nos dan tanta felicidad. Por tanto, no dejamos que la persona se mueva de ahí. Cuando deja de actuar según esas etiquetas que le teníamos asignadas, sentimos que nuestra felicidad está en peligro y queremos que el otro entre en razón y vuelva a ser exactamente eso que yo necesitaba para estar bien.
Pero es un juego muy macabro, porque está destinado a que salga fatal, se mire por donde se mire.
Las personas no somos un cúmulo de etiquetas, y menos todas positivas o todas negativas. Todos estamos constantemente cambiando, evolucionando, y hoy podemos parecer una cosa pero mañana podemos ser la contraria. Si constreñimos a la otra persona dentro de ese corsé de distintivos, se asfixia, no dejamos que crezca, que se desarrolle, que vaya descubriendo quién es día a día.
Por otra parte, poner nuestra felicidad en manos de cómo se comporte la otra persona conmigo o en si cumple o no cumple todo lo que habíamos acordado es terrible. Siempre vamos a estar enfadados, frustrados e insatisfechos. La otra persona no va a cumplir todo lo que queremos. Se va a mover de ahí y va a hacer tambalear todas las etiquetas que le habíamos asignado para nuestra felicidad.
Si vivimos en una contínua expectativa de lo que el otro tiene que darme para que yo sea feliz, estas expectativas se van a ver frustradas una y otra vez y vamos a ser muy infelices.
Cuando sentimos que NECESITAMOS que el otro nos dé, que nos mire así, que nos hable asá, que se comporte de tal o cual manera para nosotros estar bien, entonces estamos totalmente atrapados. Es una pérdida de libertad absoluta, no somos dueños de nosotros mismos, el dueño de nuestra felicidad es el otro y dependemos de que quiera o no quiera comportarse como nosotros queremos.
Por otra parte, ansiamos también que el otro sufra la misma ansiedad, que su libertad y felicidad esté ligada a nosotras y sienta la misma necesidad. Sentimos que si la otra persona está también atrapada, es una demostración de amor, de que está enganchada, y por tanto de que no se nos va a escapar. Pero el amor no se puede agarrar. Si intentas estrujarlo, se escapa el amor y nos queda solo el apego.
Como he dicho antes, en todas las relaciones hay amor y hay apego, en diferentes medidas, según el tipo de relación y según el momento. A veces hay más amor que apego, y hay veces que hay más apego que amor, y en esos momentos la relación no va a funcionar demasiado bien.
Dicho todo esto, ahora que hemos aclarado qué es el amor, qué el apego y cómo surgen y se interrelacionan, quiero explicar que la intención no es eliminar del todo el apego en las relaciones. No es que no sea lo deseable, que lo es, pero no es realista.
Siempre va a existir apego en las relaciones, somos humanos con una identidad de "yo" súper sólida. Pero sí creo que podemos aprender a rebajar esa identidad tan fuerte y a tener más en cuenta a la otra persona, y también a comprender cómo funcionan los mecanismos de conexión y separación con los otros y así poder ser más sabios en nuestras relaciones.
Este tema del amor y el apego es enormemente amplio y va a ser recurrente en el blog. En el próximo artículo hablaré de los roles en las relaciones y su papel en el apego, de la relación entre el apego y el odio, de los antídotos que podemos usar para combatir el apego y finalmente de cómo aplicar todo esto al mundo real de nuestras relaciones.